Qué ocurre cuando un celular ya no puede reincorporarse al mercado

Qué ocurre cuando un celular ya no puede reincorporarse al mercado

No todos los celulares pueden —ni deben— volver al mercado. Cuando un dispositivo deja de cumplir con criterios mínimos de seguridad, compatibilidad o desempeño, la economía circular entra en su fase final: el reciclaje formal. Entender cuándo ocurre este punto es clave para maximizar el impacto ambiental positivo y reducir el desperdicio tecnológico.

¿Cuando la reutilización de un celular ya no es viable?

Un celular deja de ser candidato a reacondicionamiento cuando presenta fallas estructurales irreparables, obsolescencia técnica severa o incompatibilidad con redes y software actuales. En estos casos, insistir en la reutilización deja de ser eficiente y puede representar riesgos para el usuario.

Sin embargo, adelantar este proceso tiene consecuencias. De acuerdo con el Global E-waste Monitor 2024 de Naciones Unidas, en 2022 se generaron 62 millones de toneladas de residuos electrónicos a nivel mundial, pero solo 22.3% se recolectó y recicló de manera formal. Este desbalance muestra que el reciclaje es una fase crítica, pero también limitada, dentro del ciclo de vida de la tecnología.

El valor del reciclaje formal

Cuando un celular ya no puede reincorporarse al mercado, el reciclaje formal cumple un papel esencial: recuperar materiales estratégicos y evitar que terminen en flujos informales altamente contaminantes.

Según estimaciones de agencias de protección ambiental, por cada millón de celulares reciclados se pueden recuperar aproximadamente:

  • 34 kg de oro

  • 350 kg de plata

  • 16,000 kg de cobre

Estos materiales pueden reincorporarse a nuevas cadenas productivas, reduciendo la necesidad de extracción primaria y el impacto ambiental asociado a la minería. En este punto, el dispositivo deja de ser tecnología funcional, pero sigue teniendo valor como fuente de materias primas.

No adelantar el reciclaje: la clave del equilibrio

Aunque el reciclaje es indispensable, no debe ser la primera opción cuando un dispositivo aún es funcional. La fabricación de un smartphone nuevo genera entre 50 y 80 kilogramos de CO2, considerando la extracción de materiales, manufactura, transporte y ensamblaje.

Por ello, el Foro Económico Mundial identifica la extensión de la vida útil —a través de reparación, reacondicionamiento y mercado secundario— como la acción más efectiva para reducir el impacto ambiental, antes de llegar al reciclaje.

Reciclar un celular que aún puede usarse implica perder años potenciales de funcionamiento y repetir un proceso industrial altamente intensivo en recursos. Elegir correctamente el momento en que un dispositivo pasa de la reutilización al reciclaje es lo que realmente maximiza el beneficio ambiental.

La economía circular no elimina el reciclaje, pero lo ubica en el lugar correcto: como última etapa, después de haber agotado las posibilidades de reparación y reutilización. De esta forma, se reduce la presión sobre los sistemas de reciclaje, se aprovecha mejor el valor tecnológico existente y se limita la generación de residuos electrónicos.

Cuando un celular ya no puede reincorporarse al mercado, el reciclaje formal es indispensable. Pero mientras exista margen para extender su vida útil, la reutilización sigue siendo la opción más eficiente y responsable dentro del ciclo circular de la tecnología.

Fuentes:

https://www.itu.int/en/mediacentre/backgrounders/Pages/e-waste.aspx

https://getrepowered.org/blog/importance-of-cell-phone-recycling/#:~:text=Cell%20phones%20are%20made%20of,to%20create%20new%20cell%20phones.

 

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