La mayor parte del impacto ambiental de un dispositivo electrónico no ocurre durante su uso cotidiano, sino en su fase de producción. De acuerdo con estudios citados por Reducto, hasta 80% de las emisiones de CO2 asociadas a un equipo se generan durante su fabricación, debido al uso intensivo de energía, extracción de materiales y procesos industriales complejos.
Cuando un dispositivo es reacondicionado y reutilizado, se evita repetir ese ciclo productivo. En términos ambientales, esto se traduce en una reducción estimada de entre 70% y 85% de las emisiones de CO2, dependiendo del tipo de equipo y su categoría. El impacto positivo no proviene de un menor consumo energético en uso, sino de eliminar la necesidad de fabricar un dispositivo completamente nuevo.
A esto se suma el ahorro de materiales. Los dispositivos reacondicionados requieren hasta 87% menos materiales crudos que uno nuevo, lo que reduce la presión sobre recursos finitos como el cobalto, el litio y otros minerales críticos utilizados en baterías y componentes electrónicos. Este factor cobra relevancia en un contexto de cadenas de suministro tensionadas y creciente demanda tecnológica.
Extender la vida útil de la tecnología también contribuye a disminuir los residuos electrónicos, uno de los flujos de desechos de mayor crecimiento a nivel global. Muchos equipos descartados aún conservan funcionalidad parcial o total, pero terminan fuera del ciclo productivo por falta de modelos de reutilización estructurados.
Reacondicionar tecnología certificada transforma el consumo en una decisión ambiental basada en datos verificables, no solo en buenas intenciones. La reutilización deja de ser un gesto simbólico y se convierte en una estrategia medible de reducción de impacto.
En Reducto, extender la vida útil de la tecnología es parte del modelo. A través de procesos de recompra, reacondicionamiento certificado y reventa responsable, evitamos emisiones asociadas a la producción de equipos nuevos y reducimos el volumen de residuos electrónicos, integrando sostenibilidad operativa al consumo tecnológico.