No todos los celulares pueden reutilizarse de forma indefinida. Un dispositivo deja de ser viable para reutilización cuando presenta fallas estructurales o sistémicas que comprometen su seguridad, estabilidad o funcionamiento continuo, incluso después de intentos razonables de reparación. En ese punto, prolongar su uso ya no genera valor económico ni funcional, y puede incluso aumentar su impacto ambiental.
La decisión de enviar un equipo a reciclaje no debe basarse únicamente en su antigüedad.
En procesos de reacondicionamiento certificado se consideran criterios técnicos específicos, como daños en la placa base, fallas recurrentes en la gestión de energía, baterías inestables que no pueden sustituirse, corrosión interna por humedad o la imposibilidad de ejecutar versiones mínimas de software con soporte de seguridad. Cuando estos factores se combinan, la reutilización deja de ser eficiente.
Forzar la reutilización de equipos que ya no cumplen estos criterios puede generar efectos contraproducentes. Un celular estructuralmente dañado suele consumir más energía, presentar apagados inesperados o requerir intervenciones constantes.
Esto incrementa costos, reduce la experiencia del usuario y termina acelerando su descarte. Desde la lógica de la economía circular, reutilizar no significa extender la vida útil a cualquier costo, sino hacerlo de forma técnica y responsable.
Cuando la reutilización deja de ser viable, el reciclaje responsable se convierte en el siguiente eslabón del ciclo. Este proceso permite recuperar materiales valiosos y evita que componentes contaminantes terminen en el ambiente sin control. Reconocer el momento adecuado para cerrar la fase de uso forma parte de un consumo tecnológico consciente y alineado con modelos circulares eficientes.
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