La capacidad de un celular para conservar valor en el mercado secundario no está determinada únicamente por su marca o por el año en que fue lanzado, sino por su vigencia técnica real. Un equipo mantiene demanda cuando sigue siendo útil dentro del ecosistema digital actual, independientemente de que ya no sea el modelo más reciente.
Uno de los factores más relevantes es la continuidad del soporte de software. Los dispositivos que aún reciben actualizaciones de sistema y parches de seguridad generan mayor confianza, ya que garantizan compatibilidad con aplicaciones, servicios y estándares de seguridad vigentes. Esto impacta directamente en su liquidez dentro del mercado de segunda mano.
La compatibilidad con tecnologías actuales también influye de forma directa en la conservación del valor. Funciones como conectividad 5G, soporte para eSIM o compatibilidad con redes y servicios modernos amplían el periodo de uso del dispositivo y lo hacen relevante para más perfiles de usuario, incluso varios años después de su lanzamiento.
A esto se suma la disponibilidad de refacciones y servicios de reparación, un aspecto clave para la prolongación del ciclo de vida. Los modelos con piezas accesibles y procesos de reparación conocidos presentan menor riesgo operativo, lo que se traduce en precios más estables dentro del mercado secundario.
Finalmente, los equipos reacondicionados bajo procesos estandarizados, con diagnóstico técnico y trazabilidad clara, reducen la incertidumbre del comprador. En este contexto, el valor no se define por la novedad del equipo, sino por su utilidad prolongada, confiabilidad técnica y menor percepción de riesgo, elementos que sostienen su demanda a lo largo del tiempo.