En un smartphone reacondicionado, la pantalla define más de la mitad de la experiencia de uso. También es el componente donde existe mayor variación de calidad en el mercado. Dos equipos visualmente idénticos pueden comportarse de forma muy distinta a los pocos meses, dependiendo del tipo de pantalla instalada.
Las pantallas originales conservan la calibración de fábrica: brillo uniforme, colorimetría precisa, respuesta táctil inmediata y consumo energético estable. En iPhone, además, están optimizadas para trabajar en conjunto con el procesador gráfico y el sistema de gestión de energía.
Por eso, cuando un reacondicionado conserva pantalla original o equivalente certificada, la experiencia se mantiene cercana a la de un equipo nuevo.
OLED de reemplazo: no todas son iguales
En el mercado existen tres niveles claros:
- OLED “pulled”: extraídas de equipos originales. Son las más cercanas a fábrica.
- OLED aftermarket premium: buena calidad, pero con ligeras diferencias en brillo o color.
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Pantallas genéricas económicas: las más problemáticas.
Las pantallas genéricas suelen presentar fugas de luz, tonos azulados, ghosting, menor tasa de respuesta y “black smear” en fondos oscuros.
El impacto de una mala pantalla
Una pantalla de baja calidad no solo afecta la vista. También:
- Exige mayor voltaje a la batería
- Obliga al GPU a compensar fallas de refresco
- Provoca pulsaciones fantasma en el sensor táctil
Todo esto reduce la vida útil del equipo y eleva el desgaste interno.
En un reacondicionado profesional, como los que procesa Reducto, cada pantalla pasa por pruebas de brillo, uniformidad, sensibilidad táctil, temperatura y consumo energético. Si no cumple estándares, no se instala.